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La Celosía

La Celosía

por Jorge Alejandro¨Partida

Tenía una sed tan inmensa como el mar. Afuera de la casa, a través de la celosía del patio de enfrente que da a la cochera, mi calle y tal vez la ciudad, estaban envueltas por densas tinieblas. Era la oscuridad total (se había ido la luz,) incluso dentro de mi casa no había luz; pero absurdamente mi lap top resplandecía a chorros y estaba en línea con mi amiga de una ciudad lejana. Curiosamente yo me sentía atrapado, encerrado en la lobreguez de mi casa y temeroso de salir a la oscuridad que imperaba en la calle y en la silenciosa ciudad. Chateaba y me paraba para volver a ver a la ciudad afuera y yo le decía a mi amiga que no había luz aquí y ella me creía a pesar de que estábamos chateando y me decía que guardara la calma. 

De un hilo luminoso pendía nuestra charla en la que le decía que quería verla luego me paraba a mirar la ciudad a través de la celosía sintiéndome enjaulado y brincaba para ponerme frente a la pantalla y luego para situarme a mirar la oscuridad a través de la celosía aguantando mi insaciable sed, pues el agua que había bebido no podía contener mi necesidad y mi boca seguía más pastosa cada vez que lo hacía. Tenía alma de pájaro. Sentía el alma de un pájaro, mi alma era la de un ave queriendo escapar de su jaula, pero no podía y le hablaba a mi amiga Chabelita de mi sed y de pronto tardé en contestarle pues me quedé mirando la oscuridad muriéndome de sed, prisionero de mi propia soledad y de esa necesidad tan primaria, tan básica e insatisfecha. Me aterré cuando entendí que esa era la eternidad, una oscura realidad silenciosa sujeta al hilo luminoso de una fría pantalla azul… y yo, seguía siendo un ave enclaustrada, y sentía sed y no podía cantar.

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